El conjunto de monasterios ortodoxos de Meteora me causaron una tremenda impresión durante mi primer viaje a Grecia, en 1981. Las formaciones rocosas que se yerguen son la llanura circundante son espectaculares. El esfuerzo de construir en sus inaccesibles alturas se me antoja titánico; y épica me resulta la convivencia introspectiva y aislada de esas pequeñas comunidades ascetas.(2012)
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